ILUSTRE COLEGIO OFICIAL DE MÉDICOS DE ÁLAVA


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Historia

La creación del Colegio de Médicos de Álava el 5 de noviembre de 1.898 supone un notable "punto y aparte" en la historia de la medicina en Álava. Tomando esa fecha como referencia podemos determinar un "antes" y un "después", ya que, no solo la actividad médica, sino también la formación, la organización profesional, las mejoras laborales, la normativa profesional y otros muchos aspectos, se verán notablemente modificados. Precisamente por su trascendencia la creación de los colegios médicos (en general casi todos ellos surgen en esta misma década: el de Barcelona en 1.894, el de Valladolid en 1.895) no fue el resultado de años de esfuerzos, sino más bien de siglos de trabajo donde, lustro tras lustro, la actividad médica se iba organizando. Por esta razón consideramos imprescindible recordar ciertos aspectos que tienen lugar previamente a esta fecha, antes de profundizar en las consecuencias posteriores a su creación.

Hay que remontarnos a 1.428 para encontrar la primera relación contractual que se establece entre una institución pública y la actividad médica en Álava. Fue en ese año cuando el ayuntamiento de Vitoria, la ciudad en suma, contrata a un cirujano, David Oñate (más conocido por su origen como "El Judío"), para asegurar sus servicios en favor de una población diezmada por las epidemias. Esta situación parece que se repite con otros "físicos" judíos hasta 1.492, momento en el que por coincidir con su expulsión de la península, la ciudad de Vitoria contrata al físico maestre Antonio de Tornay, al cual le siguen en esta actividad, entre otros, Fernán López de Escoriaza (primer médico contratado por el Hospital de Santiago por la cantidad de 5.000 maravedies/año, contrato firmado en 1.502) y el Dr. Zárate (contratado por 6.000 maravedies/año en 1.534). Ya para este tiempo la ciudad cuenta con 3 médicos titulares encargados de atender a las necesidades del Hospital de Santiago y del resto de la comunidad vitoriana.

Multiconvivencia

Ni que decirse tiene que durante estas décadas conviven médicos, cirujanos, practicantes, barberos, especieros y otros "profesionales" con cierto reconocimiento, entre los que disfrutaban de buen vivir, numerosos charlatanes y curanderos que hacen de la ignorancia ajena una "mina de oro" propia.

Las contrataciones de nuestras instituciones (ayuntamientos, las propias Juntas Generales de Álava) se mantienen hasta finales del siglo XVII. No podía ser de otra forma si tenemos en cuenta las apremiantes necesidades de una población que padece numerosas epidemias (principalmente de peste bubónica y viruela), que es víctima continua del hambre y las enfermedades infecciosas, de unos ejércitos que combaten lustro tras lustro...

En 1.699 aparece en Álava la primera publicación médica rubricada por un galeno alavés. Nos referimos al Dr. Juan Martínez de Zalduendo y su libro en torno a la práctica médica. Este hecho nos ofrece una ligera idea sobre la normalización profesional que la actividad médica va adquiriendo, normalidad que tiene su máxima expresión en las primeras décadas del siglo XVIII a través del Real Protomedicato. Esta entidad era la encargada de conceder las licencias para el ejercicio de la profesión sanitaria y si bien su labor venia desarrollándose desde varios siglos antes (en Aragón desde el XIII y en Castilla desde 1477), sus directrices no se implantaron en Álava como consecuencia de las moratorias solicitadas repetidamente por las Juntas Generales de Álava dada la precaria situación médica de nuestro territorio y en especial, por la escasez de profesionales.

A partir de 1.728 todos los médicos, cirujanos, farmacéuticos, herbolarios, sangradores y boticarios debían regularizar su situación previa presentación de sus títulos al Diputado General de Álava para su examen. Poco después se estrecha el círculo contra el intrusismo al ordenarse por parte del Consejo de Castilla y tras el oportuno acuerdo de las Juntas Generales alavesas, que "solo podrían ejercitarse en la medica y disciplinas afines aquellos que tuviesen el título oficial expedido por el Real Protomedicato". Como consecuencia de lo anterior el 21 de noviembre de 1.737 una Real Cédula firmada por Felipe V ordena que los ayuntamientos, "bajo ningún concepto, pueden contratar a médicos, cirujanos o boticarios sin las cartas de examen y licencias dadas por el Protomedicato, fijándose sanciones de 500 ducados (el equivalente al sueldo de un médico durante un año) para la primera vez y de 2.000 ducados para la reincidencia, además del destierro a no menos de diez leguas".

Finales del S.XVIII

A finales de este siglo y dentro de la labor médica, merece la pena destacar el importante papel desplegado por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, no solo en la difusión de la medicina organizando numerosas sesiones en torno a relevantes aspectos médicos de la época, si no también favoreciendo la labor de los profesionales de la sanidad como fue el caso de las primeras inoculaciones antivariólicas allá por el año 1.772 y posteriores. En poco tiempo el Dr. Manuel de Prim y sus colaboradores realizan más de 1.200 inoculaciones contra la viruela. En estos años la RSBAP cuenta entre sus miembros con 42 médicos de entre los cuales podemos citar a los alaveses José Santiago Ruiz de Luzuriaga y Juan de Echeverri (cirujano militar de Vitoria). La conclusión de esta década coincide con la creación del Hospicio o Casa de Piedad de Vitoria.

Pocos años después, en 1.812 y a pesar de la Guerra de la Independencia , la organización médica observa otro avance cualitativo de notable interés ya que las Cortes de Cádiz impulsan la creación de una Normativa Legal en materia de Salud Pública. Lástima que la turbulencia de estos años no permita concluir estas aspiraciones, hecho que facilita, unido a diversas plagas epidémicas (viruela, cólera, tifus, etc), un cierto auge del curanderismo que llega a ser verdaderamente alarmante. Solo la creación en 1.832 de las Juntas Municipales de Sanidad y más tarde el desarrollo de la Ley de Sanidad (1.855), ponen un cierto "coto" a este tipo de desmanes. En ese mismo año se crean los Distritos o Partidos Sanitarios de Álava, lo cual supone la división del territorio en 38 zonas, contando cada una de ellas con un mínimo de personal sanitario para hacer frente a sus necesidades de salud.

Este periodo coincide con numerosas mejoras desarrolladas en el Hospital de Santiago Apóstol fruto, de una parte, de las necesidades que las epidemias imponen, y de otra, por los avances de la ciencia médica. En ese momento este recinto contaba como personal permanente con 3 médicos y 1 cirujano. Sus locales se reducen a dos patios rodeados de sendas galerías de dos pisos de altura.

Partidos sanitarios

Entre tanto no podemos olvidar que en 1.855, incluso con anterioridad a la creación de los Partidos Sanitarios, Álava se vio afectada por una cruel epidemia colérica. De su estudio podemos extraer algunas conclusiones relativas a la actividad médica de aquellos años. En este sentido la Junta Municipal de Sanidad de Vitoria recuerda a los médicos la obligación de dar parte de todos aquellos enfermos que diariamente visiten. Igualmente la conducción de los cadáveres se debía realizar de noche, vigilada por un alguacil y sin hacer ruido, ni hablar. La inhumación debía ejecutarse a una profundidad razonable y acompañada de depósitos de cal. Los enfermos que debían ser enviados al Hospital de Santiago, "serán trasladados de noche y marcándose el itinerario de antemano para cada caso. Si pudieran hacerla por su propio pie, harán el recorrido de día con las debidas precauciones para evitar la alarma. Para complementar la falta de sitio en el Hospital Civil, si así sucedería, se acondicionaría (como se hizo) la Plaza de Toros (situada en aquellos días al final de la Calle Postas). Ocurrido un fallecimiento se procurará fumigar la habitación del enfermo juntamente con todas sus ropas". En esta misma línea quedaban prohibidas las misas de cuerpo presente.

Es importante recordar que si bien los síntomas clínicos de la enfermedad eran bastante bien conocidos (diarreas, vómitos, fiebre, dolores abdominales), no sucedía lo mismo con el tratamiento. Siguen empleándose métodos muy variados, diversos y a veces contrapuestos. El Dr. Roure, un una memoria escrita sobre esta epidemia, hace un resumen de las terapéuticas empleadas. Así, durante el primer periodo o inicio de la enfermedad, se pueden emplear extracciones sanguíneas (si el estado general es más o menos bueno), evacuantes (hipecuana y sales neutras), infusiones de té (muy empleadas durante la epidemia del 32), cataplasma con laúdano, lavativas amiláceas con laúdano y sobre todo mucho reposo.

Por otra parte, durante el periodo álgido, se pueden recurrir a la utilización de evacuaciones sanguíneas, estricnina, acetato y carbamato amónico, éter, infusiones de valeriana, quinina, friegas secas, hielos y opio para vómitos, enemos cargados de laúdano e incluso sanguijuelas y ventosas. Cita también que en algunos casos el uso de sólo agua fría, según quisiera el enfermo, iba seguida de curación. Recordemos que durante esta epidemia la mayor parte del peso de la asistencia sanitaria recayó en las manos de los doctores Antonio Tulló, Gerónimo Roure, Miguel Cugarán y José Páramo, distribuyéndose todos ellos entre el Hospital Civil, el Hospicio y el Hospital Militar de la calle Olaguibel.

A lo largo de los siete meses que duró la epidemia (desde el 27 de abril hasta el 10 de diciembre) se vieron afectados 8.276 alaveses, de los cuales 2.427 perdieron la vida. En todo el estado el número de fallecidos se elevó a 136.000 aproximadamente. Como hecho curioso citemos que el 20 de enero de 1.856 un cohete incendió la torre de la Catedral de Santa Maria en ocasión de celebrarse en ella un Te-Deum de acción de gracias por haber cesado el cólera. Parece ser que el cohete fue a caer en el nido de las cigüeñas, iniciándose de este modo las llamas.

Mediados del S.XIX

En años posteriores, sobre todo durante 1.865-66, la península fue azotada por una nueva epidemia colérica, por la cual Álava no se vio afectada, como si lo fueron provincias limítrofes y sobre todo Vizcaya.

Desde un punto de vista organizativo en 1.856 la Ley de Sanidad comienza a dar sus frutos con la creación del llamado Consejo de Sanidad del Reino y la denominada Alianza de Clases Médicas (que reunía profesionales dedicados a la medicina, cirugía y farmacia). Esta última entidad nace en 1.869 coincidiendo con la creación en la capital alavesa de la Universidad Libre de Vitoria, da paso a la Asociación Médico-Farmacéutica Española y más tarde, en 1.875, dará lugar al Colegio Médico Farmacéutico Español. La creación de este colectivo casi coincide en el tiempo con el nacimiento del Centro de Vacunaciones de Álava (1.873) gracias al cual se distribuirán por toda la provincia y en apenas tres décadas, alrededor de 90.000 vacunas solo de viruela.

Esta es una época de profundos cambios sociales, económicos y médicos que merece la pena significar. En estos días (1.882) Álava cuenta con 93.191 habitantes, produciéndose al mes, por término medio, algo más de 200 nacimientos y otras tantas defunciones de las cuales las enfermedades infecciosas (sobre todo infecciones respiratorias agudas, sarampión, tuberculosis y viruela, por este orden), eran las causas más frecuentes. Merece la pena destacar, en favor del Centro de Vacunaciones de Álava que, en Navarra, por ejemplo, con 308.407 habitantes se producían más de medio centenar de fallecidos al mes solo por viruela. Igualmente podemos deducir que en Álava nacían cada año algo más de 2.000 niños, cifra como mínimo igual a la actual a pesar de que la población era 3 veces inferior.

Los médicos trataban de acentuar los beneficios de una buena higiene, del saneamiento de las casas y calles, e incluso de la alimentación. Precisamente en uno de los artículos de la Revista Médica Vasco-Navarra podemos leer que "el hombre entregado al imperio de la gula, se abandona casi siempre al grosero atractivo de los impulsos animales; se hace pródigo, disipador, iracundo, arrebatado, libertino, y por último, subyugada su razón por el vicio, desciende de su soberana gerarquía hasta colocarse al nivel de los brutos, que no tienen más ley que la del instinto".

 

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